martes, 13 de agosto de 2013

Debo admitir, por otro lado, que mi recorrido por la vida ha sido hasta ahora el clásico recorrido de un cobarde. No paro de tener miedo. No paro de pensar lo que haré. No paro de pensar que nunca hice lo que pensé que haría.

Diego Meret.

jueves, 8 de agosto de 2013

¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?

A esta hora la tarde se transforma: hay silencio y el cielo y la luz se confunden. Las cosas parecen inmóviles, los pasos de la gente que transita en la calle no se oyen y sólo los cerros se perfilan como una permanencia. El único mundo que logro observar es el que me permiten los márgenes de la ventana. Y a ese me aferro, como si fuera el retrato más sincero de la existencia. Comienzo a escuchar The fallen, de John Lunn, por ser la música que ha acompañado mis últimos días. Estoy tan sola que me embarga una auténtica y poderosa felicidad. Hay este espacio dentro que no es mío, que nadie habita, esta conciencia de ser a la que no he optado y que me colma de paz. Ajmátova viene a mi mente y me repite aquella única frase de su poema: "¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?". Su voz hace eco en mi memoria y me pide que responda. La patria, la infancia, las tierras extranjeras, los amigos, los amantes, la familia, yo misma: nada ha sido mi hogar. He vagado indistintamente sin nunca pertenecer. Entonces, ¿dónde es mi casa? Y sé que es aquí; es este espacio que se abre, es este solo momento de la tarde.